En una mañana


Busco su nombre en Google. Lo primero que sale es su magnífica biografía de Wikipedia. Desde muy pequeño estuvo relacionado con las cuentas de la casa y de los oficios de quienes trabajaron en la Hacienda de su padre. Un joven inteligente, desde luego, que estudió Ingeniería Civil en la Universidad Nacional de Colombia y, tal como es natural en los millonarios del mundo, este empresario andino no fue la excepción de la regla: para entonces, ocupó el primer puesto en el examen de admisión.
Luego, busco: Sarmiento Ángulo + patrimonio en el buscador y salta a la vista la cifra exorbitante de 9,1 millones de dólares americanos; y eso que es apenas uno de los más ricos del mundo, y no tengo tiempo en estos días—la loza de la cena de anoche sigue sucia—como para ponerme a mirar en qué posición está en la carrera ascendente hacia el paraíso terrenal de las fortunas.
En una mañana lo busqué porque me pareció un filántropo. El hombre individual, que ni siquiera entra en el top 10 de los más millonarios del mundo, ha donado una millonada para palear la tragedia que me tiene en piyama hasta las 3 de la tarde, y que seguramente en estos días, en Colombia, comenzará a llevarse vidas de a cientos—no a un ritmo tan acelerado como el que se lleva la vida cotidiana en Colombia—y colapsará nuestros sistemas de salud raquíticos, tanto en sus formas de acceso, como en su instrumentalidad y eficacia. Si eso no es filantropía, entonces ¿qué lo es?
“Señor Sarmiento Ángulo, salve usted la patria”, me dan ganas de gritar. Porque si, para quienes viven en este mundo de hoy: los lanzados a una esquina de nuestros cuartos,  los exiliados a la frialdad de sus salas, en las tristes tardes bogotanas de teletrabajo, y los demás, quienes tienen que salir a la exterioridad del mundo biológicamente peligroso de hoy, no nos es posible aportar capital, porque no tenemos nada, entonces, que ayude el que tenga.
Hacen bien nuestros periodistas en levantarse a aplaudirlo en esta mañana tan fría, porque yo también estaba preocupado. ¿Será que el confinamiento lo ha llevado a reflexionar? Yo espero que así sea, y me encantaría ser tan optimista como nuestros comentadores de la realidad. Si hoy, en este mundo, existe un enemigo microscópico que nos declara la guerra, entonces Sarmiento Ángulo es un héroe, y no precisamente uno sin capa.

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